Por David
C. Nieman
El siguiente articulo es de Nieman y me parecio interesante compartirlo ya que es importante saber desde el punto de vista bíblico y el espíritu de profecía sobre los deportes en las instituciones adventistas y la posición de nuestros líderes a nivel mundial.
"El asunto de deportes en las escuelas adventistas ha recibido
considerable atención recientemente. Por el hecho de que muchas de nuestras
academias y colegios se ven enfrascados en competencias deportivas
interescolares, la Asociación General ha nombrado un comité para que investigue
el papel que juegan los deportes en la educación Adventista. Quizá ha llegado
el tiempo de que se revise el fundamento histórico de los principios que la
iglesia sostiene respecto al deporte y cómo aplicar estos principios a las
prácticas de nuestros días.
Un incidente ocurrido en Battle Creek
En las postrimerías de la década de los 1860, varios años
después que seis Estados habían formado la Asociación General de los
Adventistas del Séptimo Día en Battle Creek, Michigan, los miembros sintieron
la necesidad de destacar la postura de la iglesia respecto a la educación. En
1868, Goodloe Harper Bell quien había sido alumno del Colegio Oberlin, abrió
una pequeña escuela en Battle Creek con 12 estudiantes.
En 1872, Elena White escribió su primer tratado sobre la
educación, cuyo título fue "La Educación Apropiada" (Testimonies, vol
3, pp. 131-160. Parcialmente traducido en Consejos sobre la Salud, págs.
172-185), en la cual demandaba por una educación rural para las escuelas
adventistas. La práctica de la agricultura y las industrias deberían combinarse
con una educación de calidad que estuviera basada en las Escrituras. Ella
razonaba que tal preparación capacitaría a los estudiantes para aprender una
segunda vocación al mismo tiempo que contribuiría a mantenerlos en buena forma
física. Sus palabras son las siguientes:
"A fin de conservar el equilibrio de la mente, el
trabajo y el estudio deben ser combinados en nuestras escuelas” (Consejos sobre
la Salud, 176).
Este punto de vista o perspectiva de la educación fue
posterior en años al hecho de que muchos educadores americanos habían
abandonado el programa trabajo-estudio. Como una respuesta a las reformas
educacionales propuestas por Locke, Rousseau, Pestalozzi y Von Fellengerg en
Europa entre 1700 y 1830, los educadores americanos durante los albores de la
década del siglo XIX, se sintieron atraídos por la idea de proveer trabajo útil
a los estudiantes durante su educación secundaria y colegial. El trabajo manual
despertó gran entusiasmo a partir de 1820 y llegó a su clímax en la década
siguiente, declinando en forma vertiginosa de ahí en adelante. Los proponentes
de tal sistema argüían que el trabajo manual proveería ejercicio natural a los
estudiantes, promovería el desarrollo del carácter, disminuiría los gastos de
educación, y reduciría las distinciones de clase.
El abandono del trabajo manual en las escuelas durante la
década de los cuarentas fue el resultado de una variedad de factores complejos,
incluyendo problemas económicos y de administración; consideraciones especiales
de tiempo y la irrupción de la revolución industrial que hacían al trabajo
manual inatractivo; y además, el incremento de los impuestos que se canalizaban
a la educación, lo que hizo innecesario que los estudiantes vieran como una
necesidad trabajar para pagar sus estudios. Caso típico de veintenas de
colegios que fueron fundados bajo el sistema de trabajo y estudio fue el
colegio de Oberlin, fundado en 1833 como el primer colegio coeducacional en los
Estados Unidos, y el primero en admitir estudiantes de color. Fue también de
línea progresista en los derechos de la mujer, asuntos raciales, reforma pro
salud y educación práctica. Su lema o slogan fue: "Trabajo y
aprendizaje". A los estudiantes se les requería trabajar cuatro horas
diarias. Por dos décadas toda clase de ajustes y experimentos fallidos se
hicieron para llevar a cabo tan ambicioso programa escolar.
Al aumentar el número de estudiantes, la posibilidad de
ofrecer trabajo manual llegó a ser una tarea abrumadora para los
administradores y el programa finalmente cesó en 1852. Por el año de 1860 se
construyó el primer gimnasio, el cual facilitó el ofrecer clases de gimnasia a
los estudiantes, según la tradición europea. A fines del siglo, Oberlin
juntamente con la mayoría de otras escuelas en los estados Unidos se orientó
hacia un bien regulado programa de deportes para los estudiantes. Esta
orientación hacia los deportes coincidió con el tiempo durante el cual la
mayoría de los deportes fueron formalmente organizados en los Estados Unidos.
Así, cuando Elena de White en 1872 -varias décadas después
del apogeo del trabajo manual y la educación en los Estados Unidos- dio a
conocer su opinión sobre la materia, experimentó una inusual resistencia.
Ignorando sus apelaciones por una ubicación rural para el Colegio, la
Asociación General pagó 16,000 dólares por 12 acres en Battle Creek, (entonces
un pueblito de 7000 habitantes), justamente frente al Instituto de Salud que
pronto llegó a estar dirigido por el doctor John Harvey Kellogg. En la distante
y lejana California Elena White lloró al enterarse de la noticia acerca de la
compra de la propiedad.
El colegio de Battle Creek fue dedicado en 1875 bajo el
liderazgo de Sidney Brownsberger el cual adoptó el currículo típico de la
tradición europea, basado en el estudio de Griego y del Latín. Las clases de
Biblia llegaron a ser electivas. En respuesta a los repetidos testimonios de
Elena White, intentos a medias se hicieron a fin de ofrecer entrenamiento
manual a los estudiantes en el mismo plantel. Finalmente en 1889 los
estudiantes de Battle Creek desataron un debate en el cual calificaron el
trabajo manual como de ningún valor y como consecuencia el programa se canceló.
(The Wisdom Seekers. pp. 56, 57. E.K. Vande Vere).
Entre 1890 y 1893, los estudiantes de Battle Creek formaron
equipos de beisbol, rugby y box. Los equipos rivales eran los del Sanatorio,
Review and Herald y otras escuelas y colegios. A los jugadores se los uniformó.
Se concedían trofeos a los campeones, generando esto mucha excitación. Elena de
White quien estaba en ese tiempo en Australia haciendo la obra de pionera,
recibió cartas de algunos estudiantes que asistían al colegio de Battle Creek
provenientes de Australia y Nueva Zelandia:
PoMare un alumno maorí de Nueva Zelandia se quejaba diciendo
que él había renunciado al futbol y otros deportes, pues no podía hallar la paz
de Dios mientras los practicaba (Archivo 249d, Documentos de Elena White, Loma
Linda University).
En su carta le preguntaba a Elena White ¿Qué ventaja ofrecía
Battle Creek sobre las escuelas que él había dejado allá en Australia?
El 5 de septiembre de 1893, al día siguiente de haber
recibido la carta de PoMare, Elena White escribió una punzante carta al
presidente del colegio el Pastor, William Warren Prescott:
"Los juegos de competencia, los premios y el uso de
guantes de box, ¿no han estado enseñando y preparando a los que participaban en
ellos, bajo la dirección de Satanás, para llevarlos a la posesión de las
características satánicas?... ciertamente, el tiempo está demasiado lleno de
señales del conflicto venidero para que eduquemos a la juventud en diversiones
y juegos" (Mensajes Selectos, tomo 1, págs. 153-155).
Mientras Elena de White contestaba la carta de PoMare, los
estudiantes en Battle Creek formaban dos equipos, los "Americanos" y
los "Británicos" quienes juegan en intramuros juegos donde la pasión
se desbordaba. Un reportero escribió acerca de esto en un periódico local el
siguiente encabezado: "El Gran partido Internacional de Futbol". Uno
de los británicos participantes envió una copia del artículo a sus padres en
Australia quienes compartieron la información con Elena White, quien a su vez
escribió otra carta al presidente Prescott:
"Quiero decirle que he visto a Satanás triunfar al
verlos caer en sus trampas mediante los juegos. Planes que él usará a fin de
embaucar a las almas en su ruina eterna. Hay maneras en que el tiempo de los
estudiantes puede ser empleado de tal modo que su celo y ardor juvenil puedan
ser usados para glorificar a Dios" (Archivo 249d).
El mismo día le escribió una carta a Edgar Caro, hijo de un
dentista australiano:
“En nuestro mundo, hay bastantes cosas necesarias y útiles
que hacer para que el ejercicio hecho por placer y diversión resulte casi completamente
innecesario... La misma facultad... podría sugerir métodos y medios de
practicar una clase superior de ejercicio en el cumplimiento de trabajo
misionero” (El Hogar Cristiano, pág. 462).
El presidente Prescott presentó la carta de Elena White a la facultad
y a los estudiantes y luego le contestó:
"Hemos decidido no tener más encuentros deportivos de
ninguna clase en el plantel. Nuestra recreación será planeada de tal modo como
para darle a los jóvenes el ejercicio físico suficiente, benéfico y deseado,
sin alentar un espíritu de competencia, y sin estar basado en deporte o el
atletismo. Ya habíamos visto suficientemente los males de estas cosas como para
decidir no tener más tales juegos para los alumnos de la escuela secundaria.
Sin embargo, habíamos planeado permitir a los del Sanatorio y la Review
practicar estos deportes; pero desde que recibimos su carta hemos decidido
retractarnos de tal decisión" (Archivo 249d).
Elena White envió un testimonio especial a todos los maestros
y alumnos del colegio de Battle Creek (La Educación Cristiana, págs. 410-421).
En él enfatizaba la necesidad de ejercicio y que Dios había designado que tal
ejercicio fuese útil, práctico y productivo, pero que ellos se habían apartado
del plan de Dios y habían seguido invenciones humanas:
"Por amor a Cristo pongan un ‘hasta aquí’ a tales cosas
en Battle Creek, consideren los resultados posteriores sobre el corazón, el
carácter y los principios operados por estas diversiones que son una copia de
lo que se practica en otras escuelas... Estudio diligente es esencial así como
trabajo duro y diligente. El juego no es esencial... No puedo hallar en la vida
de Cristo un solo instante el cual él lo haya dedicado al placer y a la
diversión” (La Educación Cristiana. Págs. 416, 419, 420).
En respuesta a la carta de Prescott, Elena White se lamentaba
que el deporte hubiese eclipsado el reciente reavivamiento espiritual habido en
el plantel:
"Entre la juventud, la pasión por el futbol y otras
clases de gratificaciones egoístas han tenido una influencia engañosa.
Vigilante oración y consagración diaria a Dios no se han mantenido... Actúan
como si la escuela fuera un lugar donde ellos tuvieran que perfeccionar y
dominar el deporte, como si este fuera una rama tan importante en su educación,
y se preparan y se entrenan para la práctica del mismo. Esto es erróneo de
principio a fin. El entrenamiento y la disciplina a que se someten a fin de
estar en forma y salir victoriosos no los capacita para llegar a ser fieles
soldados de Jesucristo.
El dinero gastado en uniformes y equipo a fin de prestar un
espectáculo agradable en estas competencias es tonto, y muy bien podría ser
usado para hacer avanzar la causa de Dios en nuevos lugares... Ahora
necesitamos comenzar de nuevo. Sería esencial y necesario establecer los
fundamentos de nuestras escuelas de acuerdo al modelo de las escuelas de los
profetas. Es demasiado fácil acoplarnos a los planes, métodos y costumbres del
mundo" (Archivo 249d).
Desdichadamente, ninguna reforma hecha en el Colegio de Battle
Creek que eliminara el programa deportivo, duró mucho. En 1896, sólo tres años
después de que Elena White escribió su testimonio, el periódico local Battle
Creek-Daily Journal-, informaba acerca de los eventos deportivos y sus
resultados en el Colegio de Battle Creek. El 12 de junio de 1896, por ejemplo,
el periódico informaba: "El grupo B del noveno grado de secundaria derrotó
al noveno grado del colegio, por pizarra de 14 a 9".
El Incidente de Avondale
El 5 de octubre de 1896, aproximadamente cinco años después
que Elena White había partido para Australia, colocó la primera piedra de lo
que sería el edificio principal del Colegio de Avondale. Durante estos años
había luchado por establecer un programa escolar que se convirtiera en modelo
para otras instituciones en el futuro. Se estableció en una casa cerca de la
institución a casi una milla del plantel a fin de dirigir la organización del
Colegio personalmente.
Durante los primeros años del Colegio de Avondale, el
programa consistía de cuatro fases: 1. Reuniones religiosas una o dos horas
diarias. 2. Clases cuatro horas. 3.
Estudio dos horas. 4. Trabajo por dos o tres horas.
Los estudiantes construían los edificios, cortaban los
árboles, plantaban árboles frutales, cultivaban la tierra, y creaban industrias.
Se daban clases de cómo imprimir, encuadernación, carpintería, mantenimiento a
las casas, jardinería y hortalizas. El estudio de la Biblia hallaba una
posición prominente en el programa académico, el cual incluía instrucción sobre
la salud, comercio, enfermería, educación y obra misionera.
Durante esos años formativos, Elena White escribió varios
artículos pidiendo siempre una norma más alta para Avondale. Estaba determinada
a que la experiencia de Battle Creek no se repitiera en Avondale (Testimonies,
vol 6, págs. 126-218). El 20 de diciembre de 1896, escribió desde su hogar en
Avondale:
"He sido advertida acerca de que los maestros en
nuestras escuelas más jóvenes no deberían caminar en la senda que muchos de
nuestros maestros en Battle Creek han transitado. Diversiones populares para
los estudiantes fueron introducidas a Battle Creek bajo un mando engañoso... Si
la educación dada allí no es diferente en carácter que la ofrecida en Battle
Creek, no necesitamos gastar en la compra de terreno y en la construcción de
edificios. Es Satanás quien haría creer a los estudiantes que han venido a
prepararse como evangelistas, ministros y misioneros, que las diversiones son
esenciales para mantenerlos físicamente saludables, cuando el Señor ha
presentado a ellos que el mejor método es ocuparse en el trabajo manual
mientras se educan” (Manuscript Releases Vol. 8, page 151).
Más tarde decía enfáticamente:
"Revela cobardía el avanzar con tanta lentitud e
incertidumbre en lo tocante al trabajo, fase ésa que ha de suministrar la mejor
clase de educación... El trabajar la tierra es una de las mejores ocupaciones,
que pone en actividad a los músculos y da reposo a la mente. El estudio en materia de agricultura debe ser
el ABC de la educación dada en nuestras escuelas” (Joyas de los Testimonios, t.
2, pág. 444).
En enero de 1897 W. W. Prescott, ahora secretario del
Departamento de Educación de la Asociación General, regresó de Australia, donde
había conversado con Elena White respecto a los planes para Avondale. En abril
de ese mismo año, la sesión de la Asociación General se celebró en Lincoln,
Nebraska, allí se hizo un llamado decidido en favor de una reforma en la
educación. Edward A. Sutherlad quien desde 1892 había luchado por seguir los
consejos de Elena White en Walla Walla, llegó a ser presidente del Colegio de
Battle Creek.
De 1897 a 1901, el presidente Sutherland apoyado
vigorosamente por John H. Kellog, Alonso T. Jones y Percy T. Magan. Luchó por
reformar el Colegio de Battle Creek, reestructurando completamente el
currículo. Un grupo de amigos ayudó a comprar 80 acres, a una milla al norte
del colegio, a fin de poder contar con una finca donde se sembraron árboles
frutales, arbustos y viñedos (E. K. Vande Vere, The Wisdom Seekers).
A fin de hacer patente la ruptura con el sistema antiguo,
Sutherland consiguió un arado, y junto con Magan y Justus G. Lamson araron el
campo deportivo y lo hicieron una hortaliza. Tales reformas fueron
insoportables para algunos, y la matrícula el siguiente año decreció.
Sutherland decidió cambiar el colegio de un ambiente urbano a uno rural en el
cual había profesores "de banqueta" con mentalidad citadina. La
señora White aconsejó que se postergara por el momento dicho cambio.
Mientras tanto, el 28 de abril de 1897 las clases comenzaron
en Avondale. Al finalizar el año escolar la nueva escuela tenía 81 alumnos. C.
B. Hughes graduado de Battle Creek en 1892 fungía como presidente. Para abril
de 1899 se construyó el edificio central y 153 alumnos se matricularon.
Durante el mes de febrero de 1900 la administración de la
escuela decidió permitir a los estudiantes jugar criquet los domingos por la
tarde, a fin de que no anduvieran rondando por los matorrales. Cuando se
acercaba la fecha del primer aniversario de la construcción del edificio
central, el presidente Hughes y el personal docente decidieron celebrar la
fecha como un día festivo. Le pidieron a la señora White que tuviera la
meditación temprano en la mañana; ellos habían planeado pasar el resto del día
jugando. Elena White habló con fervor esa mañana y luego se fue a su casa, no
sabiendo lo que sucedería. Los alumnos pasaron el resto del día jugando tenis,
(se habían comprado trajes deportivos para las damas), criquet, carreras de
relevo de costales y otros juegos.
Esa noche Elena White no pudo conciliar el sueño hasta
después de la una de la mañana por la pesada carga que sentía por lo
acontecido. Fue tomada en visión y luego escribió:
" Durante la noche fui testigo de lo que se realizaba en
los terrenos de la escuela... Me fue presentada
una visión en la cual vi a los alumnos jugando partidas de tennis y
cricket.* Luego se me instruyó acerca
del carácter de esas diversiones. Me
fueron presentadas como una especie de idolatría, como los ídolos de las
naciones" (La Educación Cristiana, pág. 374, 375)
(*) [Nota: El cricket es un deporte similar al fútbol en el
que se golpea una pelota de caucho con una paleta de mano].
A la mañana siguiente muy temprano, Elena White fue llevada
en su carruaje a la casa del presidente del colegio, el profesor Hughes. Le
manifestó que quería hablar a la facultad antes de hablar con los estudiantes
acerca de la manera cómo habían pasado el día anterior. El profesor Hughes y el
personal docente se indignaron al saber que la señora White deseaba hablar a
los estudiantes y se enfrascaron con ella en un acalorado debate. Los maestros
pensaron que sería mejor esperar un día, antes de hablar a los estudiantes, así
que ella regresó a casa triste y apesadumbrada por la respuesta de los maestros
(Archivo 250a).
Esa misma tarde se le dio otra visión y en ella se le mostró
que:
"Estas cosas son una repetición de la conducta de Aarón,
quien al pie del Sinaí permitió un primer comienzo de mala conducta al dejar
que penetrase en el campamento de Israel un espíritu de holgorio y de
vulgaridad.” (Educación Cristiana, pág. 375).
El viernes en la mañana Elena White habló a los estudiantes
reunidos y "nunca dio un testimonio tan directo como esa vez". Leyó
gran parte de los testimonios dirigidos al Colegio de Battle Creek. Su hijo
Guillermo, comentaba más tarde:
"Todos quedamos sorprendidos de la claridad y firmeza de
lo que mi madre escribió y sobre todo, el fervor con el cual hacía sus
apelaciones, protestando en contra de los deportes" (Archivo 250d).
Después de sus observaciones los estudiantes se sentaron
tranquilamente sin responder.
El presidente Hughes se sintió sumamente abatido y comenzó a
albergar dudas respecto a Elena White. Más tarde confesaba:
"Fue principio de una de las experiencias más oscuras de
mi vida. Sentí que la señora White era extremadamente irrazonable en el asunto.
(Archivo 249e).
Los estudiantes también se sintieron perturbados y enfadados
y el domingo siguiente en la tarde volvieron a jugar criquet como de costumbre.
El lunes el pastor Guillermo White habló a los estudiantes
acerca de cómo debiéramos recibir el consejo de parte de
“...los ministros de Dios, especialmente cuando ellos nos
presentan ideas y pensamientos nuevos que quizá no armonizan con nuestros
deseos y sentimientos” (Archivo 250a).
La señora White se sintió tan apesadumbrada por este
incidente, que registró en su diario lo siguiente:
"Ha sido entendido por todos, en los distintos niveles
de la obra, que estos juegos no son parte de la clase de educación que ha de
darse en nuestras escuelas. El colegio de Avondale ha de ser modelo para las
otra escuelas que han de establecerse para beneficio de nuestro pueblo. Los
juegos y las diversiones son la maldición de las colonias y no deben permitirse
en nuestra escuela aquí" (Manuscript Releases Volume 8, page 74).
Para el jueves, el Espíritu de Dios había obrado en C. B.
Hughes, la facultad y los estudiantes. Después de otra intervención de la
señora White, la mayoría expresó su deseo de seguir el camino que el Señor les
indicaba.
El pastor Guillermo White informaba más tarde que al terminar
esta reunión:
"Sentimos que una gran victoria se había ganado, que la
facultad y los estudiantes vieron las cosas en una perspectiva diferente y con
mayor luz como resultado de nuestro estudio y oración durante la semana"
(Archivo 250d).
El equipo de tenis (red y raquetas) fue vendido y el dinero
obtenido se dedicó a las misiones. Los partidos de criquet cesaron. Un gran
número de alumnos en grupos comenzó a estudiar la Biblia por las tardes y a dar
a conocer el amor de Dios a la comunidad de alrededor.
El Colegio Misionero de Emmanuel
Más tarde, ese mismo año, Elena White regresó a los Estados
Unidos. Con su decidido apoyo, la Asociación General votó el 12 de abril de
1901 reubicar el Colegio de Battle Creek en el campo. En el mes de mayo 16
furgones de ferrocarril se usaron para trasladar el equipo y la institución se
trasladó 90 millas a su nuevo sitio en Berrien Springs, donde se estableció con
un nuevo nombre: Colegio Misionero Emmanuel. Percy T. Magan escribió a Elena
White diciéndole que "este nuevo colegio debiera ser el Avondale de
América".
Con una matrícula reducida durante el primer año, los
estudiantes y maestros unieron sus esfuerzos en el cultivo de la finca y la
construcción de los edificios, mientras asistían a clases. Se trabajaba la
mayor parte del día y en la tarde se tenían las clases por tres horas. Se
ofrecían seis cursos al nivel de Colegio: Ministerio, Educación, Premédica,
Contaduría, Música y entrenamiento manual.
Por el mes de mayo de 1904 las tensiones se hicieron más
fuertes entre el Dr. Juan Harvey Kellog y los líderes de la iglesia. Mangan y
Sutherland fueron acusados de estar influenciados con las ideas del doctor
Kellog las cuales eran: Independencia de la denominación, institucionalismo y
panteísmo. El conflicto arreció, y Magan y Sutherland renunciaron y se fueron a
Nashville, Tennessee, donde comenzaron el Instituto Normal Agrícola, en una
finca de 400 acres. Así comenzó una red de escuelas de sostén propio que hasta
hoy enfatiza la educación basada en el trabajo manual y el estudio, sin la
práctica de deporte. Aunque Elena White siempre pensó que la renuncia del
profesor Sutherland no fue en el mejor momento. Apoyó su deseo de levantar una
nueva escuela y formó parte de la junta de esa institución (I. Gish y
Christman, God’s Beautiful Farm, Pacific Press).
En septiembre de 1910, seis años después que Sutherland había
dejado el Colegio Emmanuel, los estudiantes pidieron permiso a la facultad para
participar en juegos de pelota organizados. Cuando la facultad les contestó
desaprobando tales competencias de beisbol en el plantel, los estudiantes
jugaron este deporte fuera del plantel. (E. K. Vande Vere, The Wisdom Seekers).
La aplicación para hoy
Elena White murió en 1915. Hasta el mismo fin de sus días
sostuvo con firmeza que el mejor programa educativo es aquel en que el trabajo
y el estudio van juntos y en el cual se evita la práctica del deporte. Unos
pocos años antes de morir reiteró:
“El sentir público es que el trabajo manual es degradante, y
sin embargo los hombres pueden esforzarse tanto como quieren en el cricket, el
béisbol o las contiendas pugilísticas, sin que se los considere degradados...
Mientras los jóvenes se hacen expertos en juegos que no son de valor real para
ellos o los demás, Satanás juega la partida de la vida por sus almas... Su
esfuerzo consiste en inducir a los hombres a ignorar a Dios. Procura enfrascar y envolver la mente tan
completamente, que Dios no halle cabida en su pensamiento” (La Educación Cristiana, pág. 315).
Después de la muerte de Elena White, nuestras escuelas
experimentaron varias décadas de incertidumbre al implementar estos conceptos.
La acelerada Revolución Industrial, el aumento de la mecanización y la
urbanización, el tremendo crecimiento de los deportes en la sociedad y en las
escuelas públicas, creó un ambiente en el cual tales decisiones llegaron a ser
más dolorosas. Al principio de 1920 en el Colegio Emmanuel, por ejemplo, se
permitió el juego de pelota en ocasiones festivas con cuidadosa regulación.
Durante las décadas de los 30's y los 40's vimos cuántos juegos no muy
populares tales como el patinaje sobre el hielo, el ping pong, el voleibol y
las patinetas, se permitieron. Un cambio definitivo se operó el 11 de marzo de
1949 cuando una ceremonia de colocación de la primera piedra se celebró para
dar inicio a la construcción del edificio de educación física, comenzando así
la era de juegos y deportes intramuros. La experiencia del Colegio Emmanuel
comprobó ser típica de los demás colegios adventistas, a pesar de las repetidas
protestas de influyentes líderes adventistas. Hoy la práctica del deporte
permea nuestras instituciones, ya sea el deporte individual, el de doble o por
equipos. Se ofrecen clases de educación física que incluye la práctica del
deporte no solo a nivel de colegios sino de secundaria. Así se da alas a la
práctica de deportes competitivos intramuros. Más aún, muchas escuelas han
"brincado la cerca" y ahora sostienen competencias con otras escuelas
lo cual fue antes terreno prohibido.
Los incidentes de Avondale y Battle Creek claramente
indicaban que Elena White fue dirigida por Dios al abogar por un programa
educacional basado en el trabajo manual sin participación de deportes
organizados. Este ideal, muy difícil de alcanzar por cierto por nuestros
líderes de ese tiempo, parece aun más difícil de lograr hoy. ¿Abogaría Elena
White por un programa tal hoy? En 1904 escribió: "Dios desea que todos
usemos el sentido común y que razonemos con sentido común. Las circunstancias
alteran las condiciones, las circunstancias cambian la relación de las
cosas". Por otra parte ella también escribió:
"Los grandes principios de la educación no cambian.
‘Ellos están afirmados por siglos de siglos’ (Salmo 111:8) pues ellos son los
principios del carácter de Dios" (La Educación, pág 31).
El principio de que los alumnos debieran trabajar durante sus
años como estudiantes es quizá el concepto más claro y fuerte que Elena de
White alguna vez expresó respecto a nuestras escuelas. Hoy, muchas de nuestras
instituciones educativas tienen un programa de trabajo voluntario mediante el
cual los estudiantes pueden ganar parte de su colegiatura. Sin embargo, la
tecnología moderna ha hecho que muchos de los trabajos en los cuales se ocupan
los estudiantes no provean suficiente y adecuado ejercicio físico. Yo mismo he
observado, que aún en instituciones de sostén propio, la mayoría de los
estudiantes no obtienen suficiente ejercicio mientras trabajan, debido a los
inventos modernos que se usan para realizar las tareas. La mayoría de nuestras
escuelas preparan a los estudiantes para hallar un lugar en el torbellino
tecnológico de nuestra era, que yo creo es muy legítimo e importante. No
debemos alinearnos con una mentalidad masoquista en una era de tecnología
sorprendente, pues eso sería perder el paso con el resto del mundo.
Nuestro dilema hoy consiste en proveer a nuestros alumnos
algún tipo de ejercicio adecuado. Lo que debemos hacer parece con claridad en
la experiencia de Avondale y de Battle Creek. Elena de White nunca apoyó la
idea de que los estudiantes debieran enfrascarse en deportes organizados a fin
de hacer ejercicio. Ella escribió una vez:
"No condeno el ejercicio sencillo de jugar con a la
pelota, pero éste, aún en su sencillez, puede practicarse con exageración.
Siempre me estremezco a causa de los resultados que casi con seguridad seguirán
después de esta clase de diversión" (Mensajes Selectos, tomo 2, pág. 371).
Condenó vigorosamente cualquier actividad deportiva
patrocinada por escuela alguna de cualquier nivel. Esta postura, de por sí
preocupante para nuestros dirigentes de aquel tiempo, causa mayor consternación
para los líderes de hoy.
Nuestras escuelas se han involucrado con demasiada prisa en
la práctica de deportes organizados. Sin embargo, hemos intentado regular
cuidadosamente los deportes dentro de nuestras escuelas, enfatizando el desarrollo
del carácter, las relaciones humanas, el respeto a las autoridades, el
cumplimiento de las normas, la vida saludable, la aptitud física y la
cooperación. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Este desarrollo representa
legítimamente progreso en nuestro ambiente educacional? o ¿son sólo un intento
para acallar los movimientos inciertos y confusos que rebajan las normas?
Muchos educadores de hoy sienten que aún la práctica
"cuidadosamente regulada" del deporte no es más que un compromiso
sutil entre las presiones que ejerce una sociedad centrada en los deportes y
los consejos claros y definidos del Espíritu de Profecía. Otros piensan que la
práctica regulada del deporte es como “hacer carne conforme a la ley judía”.
Bajo esta línea de razonamiento, la carne puede ser un tanto “segura”, por la
remoción de la grasa y la sangre, pero el material mejorado es por lejos, menos
que el ideal.
Nadie puede negar lo que se oye a través de los medios de
comunicación respecto al daño potencial que existe en el énfasis que las
escuelas hacen del deporte. Constantemente oímos noticias respecto a traumas,
heridas y aún muertes por el excesivo entrenamiento o la entrega total del
atleta en una competencia deportiva. También escuchamos del uso de drogas, del
reclutamiento ilegal y otros abusos. Oímos de las elevadas sumas que se dedican
a la promoción del deporte lo cual ha dado como resultado que algunas escuelas
hayan clausurado sus programas de competencias interescolares, por razones
académicas y financieras. Algunos denuncian el problema de la idolatría en la
glorificación de algunos jugadores.
Mi opinión personal es que si las oportunidades para la labor
manual son limitadas, debido a nuestra sociedad urbana y mecanizada, un buen
sustituto para lograr ejercicio físico serán la práctica de la caminata, el
canotaje, la natación, el ciclismo y la calistenia. En una era cuando las
enfermedades circulatorias han alcanzado proporciones epidémicas, la práctica
de algún tipo de ejercicio físico es vital.
Elena White misma promovió el ejercicio con fines de lograr
aptitud física adecuada. Ella misma se sometió a un programa de caminata y
respiración profunda al aire libre. Al mismo tiempo que enfatizaba que “el
labrador del terreno encuentra en su trabajo todos los movimientos que se
puedan practicar en el gimnasio” (La Educación Cristiana 382); apoyó con
firmeza la caminata vigorosa como ejercicio:
"Hay pastores, maestros, estudiantes y otros que hacen
trabajo mental, que enferman a consecuencia del intenso esfuerzo intelectual,
sin ejercicio físico compensativo... deberían, siempre que el tiempo lo
permitiera, hacer ejercicio cada día al aire libre, tanto en verano como en
invierno. La marcha a pie es preferible a montar a caballo o pasear en coche,
pues pone en ejercicio mayor número de músculos. Los pulmones entran así en
acción saludable, puesto que es imposible andar aprisa sin llenarlos de aire”
(El Ministerio de Curación, pág. 182, 183).
Cualquier reforma en esta área necesita ser considerada
cuidadosamente. Cualquier discusión acerca del deporte en nuestras escuelas,
debe ser dentro del contexto de donde estamos ubicados como iglesia.
Me preocupa que nuestras escuelas están pareciéndose más y
más a las escuelas públicas. Las estrategias modernas de mercado enfatizan que
los grupos deben ubicarse allí mismo donde están los clientes, ofreciendo un
servicio único y especial al grupo o cliente en mira. Nuestra distinción
espiritual única, es probable que no sea discernida por nuestros jóvenes, lo
que quizá ayuda a explicar por qué más de la mitad escoge obtener su educación
en otro lado. Nuestra tarea real es asegurarnos que estamos siguiendo el camino
de Dios y no el nuestro.
Elena White abrigaba sus más caras esperanzas respecto a las
escuelas adventistas. En 1894, mientras estaba en Australia escribió:
"Pudiera ser que nuestras instituciones de saber
llegasen a estar en conformidad con el mundo, y que paso a paso llegasen a
identificarse con él; pero son prisioneras de esperanza y el Señor las
corregirá, las iluminará y las traerá de nuevo a su posición correcta y
distinta del mundo. Yo observo con intenso interés esperando ver a nuestras
escuelas plenamente imbuidas con el espíritu de una religión verdadera y pura.
Cuando los estudiantes estén imbuidos de este espíritu, verán que hay una gran
obra que debe ser hecha y el tiempo dedicado a las diversiones se ocupará en
hacer con fervor la obra misionera" (Review and Herald, Enero 9 1894).
Declaraciones adicionales de la Biblia y del Espíritu de
Profecía
Compiladas por: Luis Antonio Palomino S.
Lo ideal es buscar el equilibrio:
“Hay personas de imaginación enfermiza para quienes la
religión es un tirano, que las gobierna con vara de hierro... Las deja heladas
la risa inocente de la juventud o de cualquiera. Consideran como pecado toda recreación o
diversión, y creen que la mente debe estar constantemente dominada por
pensamientos austeros. Este es un
extremo. Otros piensan que la mente debe
dedicarse constantemente a inventar nuevas diversiones a fin de tener
salud. Aprenden a depender de la
excitación, y se sienten intranquilos sin ella... Van a otro extremo” (Joyas de
los Test., t. 1, pág. 178).
“Aunque se condenan las diversiones pecaminosas, como en
verdad debe hacerse, que los padres, maestros y tutores de los jóvenes provean
en su lugar placeres inocentes, que no mancillen ni corrompan la moral. No
sujetéis a los jóvenes bajo reglas y restricciones rígidas, que los induzcan a
sentirse oprimidos, y a precipitarse en sendas de locura y destrucción. con
mano firme, bondadosa y considerada, sujetad las riendas del gobierno, guiando
y vigilando sus mentes y propósitos, aunque de manera tan suave, sabia y
amorosa, que ellos puedan darse cuenta, de que tenéis presentes sus mejores
intereses (Consejos para los Maestros, págs. 318-319).
La necesidad del ejercicio físico:
“El tiempo dedicado al ejercicio físico no está perdido. El alumno que estudia constantemente sus
libros, y hace poco ejercicio al aire libre, se perjudica a sí mismo. Un ejercicio equilibrado de los diversos órganos
y facultades del cuerpo, es esencial para el mejor funcionamiento de los
mismos” (Mensajes para los Jóvenes, pág. 237).
El gimnasio
“Los ejercicios gimnásticos son útiles en muchas escuelas,
pero si no hay una vigilancia cuidadosa, son llevados a menudo al exceso.
Muchos jóvenes, por hacer despliegue de fuerza en el gimnasio, se han dañado
para toda la vida” (Consejos sobre la Salud, pág. 186).
“El labrador del terreno encuentra en su trabajo todos los
movimientos que se puedan practicar en el gimnasio” (La Educación Cristiana
382).
Las clases deportivas en nuestros planteles:
“El tiempo está demasiado lleno de señales del conflicto
venidero para que eduquemos a la juventud en diversiones y juegos"
(Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 155).
“Los alumnos son enviados a nuestras escuelas para que
reciban una educación que los habilite para salir como obreros de la causa de
Dios... El deseo de diversiones, si es
complacido, no tarda en desarrollar desagrado por el ejercicio útil y saludable
del cuerpo y de la mente” (Consejos para los Maestros, pág. 338).
“¿Han sen¬tido los docentes del colegio que tienen que
prestar atención?... Habéis estado progresan¬do, invariablemente, en los
caminos de los gentiles; y no según el ejemplo de Jesucristo... No puedo
encontrar ningún caso en la vida de Cristo que demuestre que él haya dedicado
tiempo al juego o a la diversión... No he podido hallar ningún caso que indique
que haya enseñado a sus discípulos a entregarse a la diversión del fútbol
[americano] o a partidas de pugilato con el fin de hacer ejercicio físico” (La
Educación Cristiana, págs. 410-421).
Ver eventos deportivos (Presencial o por TV):
“Y mientras unos estaban participando en el juego de cricket,
y otros presenciándolo, Satanás estaba jugando el juego de la vida por sus
almas. Por esto decidimos ubicar nuestra escuela donde los estudiantes no
pudieran ver los torneos de cricket y las carreras de caballos” (Australasian
Union Conference Record, July 26, 1899, paragraph 19).
La celebración de la victoria:
“El mundo está lleno de excitación. Los hombres obran como si
se hubiesen enloquecido por cosas viles, comunes, que no satisfacen. ¡Cuán
agitados los he visto por los resultados de un certamen de cricket! He visto
las calles de Sidney densamente atestadas por cuadras enteras, y al preguntar
cuál era el motivo de la excitación, se me dijo que algún experto jugador de
cricket había ganado la partida. Me
sentí hastiada” (Consejos para los Maestros, págs. 327-328).
Las carreras de bicicletas (y de autos):
“En las calles de la ciudad hay una partida reunida para una
carrera de bicicletas... Pero... ¿Quién piensa en el peligro del accidente, o
que la muerte puede ser el resultado de su alocada persecución?... Satanás está
jugando el juego de la vida por la posesión de estas almas, y a él le agrada lo
que ve y lo que oye” (Testimonios para Ministros, pág. 81).
Los juegos de mesa:
“Hay diversiones como... los naipes, el ajedrez, las damas,
que no podemos aprobar, porque el cielo las condena” (Consejos para Maestros,
pág. 330).
Los juegos de salón:
“El cristiano verdadero no... se lo hallará en... el salón de
billar, o la cancha de bolos” (El Hogar Cristiano, pág. 468).
Los juegos y deportes de los niños pequeños:
“A veces los maestros deben participar en los deportes y juegos
de los niños pequeños, y enseñarles a jugar.
De esta manera estarán en situación de refrenar los sentimientos y los
actos desprovistos de bondad” (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 464).
“Los padres deben hacerse niños con sus hijos” (El Hogar Cristiano,
pág. 455).
“Después de la lección de la mañana en los días agradables,
los maestros y los niños realizaban una larga caminata, y durante la misma, a
orillas del río, o en los campos cubiertos de césped, se hacía un descanso y se
daba una corta lección de la naturaleza” (El Evangelismo, pág. 425).
“A los niñitos se los debiera dejar tan libres como los
corderitos para correr al raso, ser libres y felices” (La Educación Cristiana,
pág. 15).
Los juegos de los jóvenes:
“Hay un tiempo para desarrollar a los niños, y otro para
desarrollar a los jóvenes” (La Educación Cristiana, pág. 9).
“No recomiendo las partidas de placer en las cuales los
jóvenes se congregan simplemente para divertirse” (Consejos para Maestros,
pág. 328).
“Dios... lo contempla y siente pena por usted, y por todos
los jóvenes que se dedican con tanto entusiasmo a juegos pueriles [de niños], y
que malgastan el tiempo, tan corto y precioso, en cosas que no tienen valor”
(Testimonios para la Iglesia, tomo 2, pág. 260).
“Ruego a los alumnos de nuestras escuelas que manifiesten
seriedad. La frivolidad de los jóvenes no agrada a Dios. Sus deportes y juegos abren la puerta a un
raudal de tentaciones” (Consejos para los Maestros, pág. 352, 353).
El ejercicio en el hogar:
“La vida de Jesús rebosaba de laboriosidad, y él hacía
ejercicio al cumplir sus variadas tareas en armonía con el desarrollo de su
fuerza física. Al hacer el trabajo que
le era asignado, no tenía tiempo para entregarse a diversiones excitantes e
inútiles” (El Hogar Cristiano, págs.
459, 460).
“Cada día hay trabajos
domésticos que hacer: cocinar, lavar los platos, barrer y limpiar el polvo...
Sus músculos necesitan ejercicio. En lugar de ejercitarse saltando y jugando a
la pelota o al croquet, hagan su ejercicio con algún propósito” (La Conducción
del Niño, pág. 330).
El ejercicio más provechoso:
“Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para
poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de
esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:7,8).
“Jóvenes fuertes, tanto hombres como mujeres, no tienen
necesidad de cricket, ni de pelota, ni de ninguna clase de entretenimientos
para su propio solaz y como mero pasatiempo. Hay cosas útiles que ha de hacer
cada uno...” (Estudios Escogidos de los Testimonios, pág. 47).
“Las horas tan a menudo pasadas en entretenimientos que no
benefician ni el cuerpo ni el alma, debieran emplearse en visitar a los pobres,
a los enfermos, a los que sufren, y en buscar a los que tienen necesidad de
ayuda y protección divina” (Estudios Escogidos de los Testimonios, pág. 48).
Un solemne llamado:
“Nos toca ahora comenzar de nuevo. Las reformas deben emprenderse de todo
corazón, alma y voluntad. Los errores
pueden ser muy antiguos, pero los años no hacen del error verdad, ni de la
verdad error. Se han seguido por demasiado tiempo los viejos hábitos y
costumbres. El Señor quiere que maestros
y alumnos desechen ahora toda idea falsa.
No tenemos libertad para enseñar lo que cuadre con la norma del mundo o
la norma de la iglesia, sencillamente porque así se suele hacer. Las lecciones enseñadas por Cristo han de
constituir la norma... Muchos han demostrado su falta de sabiduría de lo alto
hasta el extremo de unirse a los enemigos de Dios y de la verdad al proveer
entretenimientos mundanos a los estudiantes.
Al hacer esto atraen sobre sí la ira de Dios, pues desvían a los jóvenes
y hacen la obra de Satanás. Esta obra,
con todos sus resultados, la tendrán que arrostrar ante el tribunal de Dios”
(Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 420).
“Piense y diga cada alumno: Yo estudio y trabajo para la
eternidad. Pueden aprender a ser paciente-mente laboriosos y perseverantes en
sus esfuerzos combinados de trabajo físico y mental. ¡Qué desplie-gue de fuerza
se manifiesta en vuestros partidos de fútbol y otras invenciones vuestras a
manera de los gentiles, es decir, ejercicios que a nadie benefician! Aplicad
las mismas fuerzas a la ejecución de trabajo útil, y decidme si no os resultará
más agradable ha-cer frente al registro de vuestra vida en el gran día de Dios”
(La Educación Cristiana, pág. 420).
“En la antigüedad Dios hablaba a los hombres por boca de sus
profetas y apóstoles. En estos días él les habla por los Testimonios de su
Espíritu. Nunca hubo un tiempo en que Dios haya instruído más a su pueblo que
en el actual, tocante a su voluntad y al curso que desea que tome” (Estudios
Escogidos de los Testimonios, pág. 16).
La Biblia declara que, en estos tiempos finales, nuestro
Señor Jesucristo daría testimonio de su voluntad a nuestra iglesia a través del
Don de Profecía (Apocalipsis 12:17; 19:10). Es Jesucristo mismo quien ha
enviado estos mensajes a su pueblo. ¿Pasaremos el arado sobre nuestros campos
deportivos para sembrar hortalizas o árboles frutales como hicieron el pastor
Sutherland y los estudiantes del colegio de Battle Creek? ¿Venderemos nuestros
balones, bates y raquetas para dedicar el dinero obtenido a las misiones, tal
como lo hicieron el presidente Hughes y sus docentes? ¿Seremos tan fieles como
PoMare, el estudiante de Nueva Zelandia que renunció a los deportes y demás
diversiones por amor a Cristo? La eternidad se encargará de revelar las
respuestas.
